Muchos son los que durante siglos han intentado descifrar esa embriagadora esencia y misteriosa sensación, a la que llamamos FELICIDAD, la máxima en la vida de todo mortal. Ser feliz, tan simple y complejo a la vez que buscamos maneras de autoconvencernos cuando la sentimos, maneras de refutar ante el ojo ajeno que ese magnifico manjar esta en nuestras manos, así como otras mil fustigaciones por no serlo.
Pero ¿de que se compone? Sabemos que su elixir reside en que te hace sentir una persona llena, plena, completa y satisfecha, agusto con uno mismo y con tu lugar en el mundo. Ý sí, es cierto, pero sin embargo hay un factor tremendamente determinante e inapreciable...
Pero ¿de que se compone? Sabemos que su elixir reside en que te hace sentir una persona llena, plena, completa y satisfecha, agusto con uno mismo y con tu lugar en el mundo. Ý sí, es cierto, pero sin embargo hay un factor tremendamente determinante e inapreciable...
...el CONTROL...
Necesitamos mantener un equilibrio, aquel que nos permite estar en la vida mirando paralelamente al horizonte; necesitamos tener bajo nuestros manos los mandos que todo lo controle; saber que quienes queremos siguen sanos y a nuestro lado, que el trabajo o nuestro futuro trabajo nos absorve y agobia pero nos sentimos realizados.

Buscamos lo diferente, distinto, salir de la rutina pero en realidad necesitamos que nada se mueva, que todo siga como siempre, porque ello nos hace tener siempre la sartén sobre el mango y creemos que así si nada cambia, si nada se mueve, ese refugio de felicidad se mantendrá.
Como un subibaja, cuando estás abajo te aterra el momento en que tus pies te lanzen demasiado alto y cuando casi tocas las nubes temes caer; esa posición intermedia nos dota del equilibrio justo para disfrutar de la sensación sin correr riesgos, porque arriesgarse supondría experimentar sensaciones, tambalear tu perfecta equidad.
Y voilá, SENTIR es una de las alertas que tu barrera de seguridad, coraza o X no acepta. Porque hacerlo conlleva a menudo la irracionalidad, conlleva no mantener esa inmovilidad sobre algo que gana a tu cabeza, TÚ CORAZÓN.
Ese trozo de ti que mantienes bajo ocho candados, absolutamente protegido para evitar que sea mínimamente dañado. En determinadas ocasiones, comienza a revolverse y trae arenas y aromas del pasado, te hace recordar el porqué, que pasó esa última vez... porque solo hace falta un pensamiento para que el hielo intente enfriarlo de nuevo y las alertas de inestabilidad se pongan a parpadear.
Con el fin de mantener siempre la justa distancia para nunca llegar a ti, levantas una estructura perfectamente creada. Crees que sientes, que solo hasta un límite, cuando en realidad lo único que ocurre es que tienes demasiado miedo para SENTIR para permitirte ser feliz. El nubarrón del daño, el dolor y el vacío sobrevuelan tu cabeza.
MIEDO, no es más que miedo porque resulta más sencillo entrar y salir sintiendo superficialmente, estando el tiempo justo para que algo sea recordado pero no lo suficientemente importante para que cambie tu control.
La pregunta sería ¿¿merece la pena vivir así??
Y cuando suena la alerta, nivelas tu horizonte pero esta vez cuesta más... empiezas a saborear lo prohibido con ese extraño amargordulce...

Buscamos lo diferente, distinto, salir de la rutina pero en realidad necesitamos que nada se mueva, que todo siga como siempre, porque ello nos hace tener siempre la sartén sobre el mango y creemos que así si nada cambia, si nada se mueve, ese refugio de felicidad se mantendrá.
Como un subibaja, cuando estás abajo te aterra el momento en que tus pies te lanzen demasiado alto y cuando casi tocas las nubes temes caer; esa posición intermedia nos dota del equilibrio justo para disfrutar de la sensación sin correr riesgos, porque arriesgarse supondría experimentar sensaciones, tambalear tu perfecta equidad.
Y voilá, SENTIR es una de las alertas que tu barrera de seguridad, coraza o X no acepta. Porque hacerlo conlleva a menudo la irracionalidad, conlleva no mantener esa inmovilidad sobre algo que gana a tu cabeza, TÚ CORAZÓN.
Ese trozo de ti que mantienes bajo ocho candados, absolutamente protegido para evitar que sea mínimamente dañado. En determinadas ocasiones, comienza a revolverse y trae arenas y aromas del pasado, te hace recordar el porqué, que pasó esa última vez... porque solo hace falta un pensamiento para que el hielo intente enfriarlo de nuevo y las alertas de inestabilidad se pongan a parpadear.
Con el fin de mantener siempre la justa distancia para nunca llegar a ti, levantas una estructura perfectamente creada. Crees que sientes, que solo hasta un límite, cuando en realidad lo único que ocurre es que tienes demasiado miedo para SENTIR para permitirte ser feliz. El nubarrón del daño, el dolor y el vacío sobrevuelan tu cabeza.
MIEDO, no es más que miedo porque resulta más sencillo entrar y salir sintiendo superficialmente, estando el tiempo justo para que algo sea recordado pero no lo suficientemente importante para que cambie tu control.
La pregunta sería ¿¿merece la pena vivir así??
Y cuando suena la alerta, nivelas tu horizonte pero esta vez cuesta más... empiezas a saborear lo prohibido con ese extraño amargordulce...
¿SUBIR HASTA LAS NUBES O EL EQUILIBRIO PERFECTO?
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