Lo que comenzó como uno de esos viajes que siempre se planean para ir y que decimos aquello de "lo hablamos eh" se convirtió en oda una odisea, una autentica aventura al más puro estilo español.
Las risas en el avión al encontrarnos con españoles que casualmente tb viajaban a Bari! también a reencontrarse con un amigo que estudia medicina! ostras si van a nuestro piso!!!
La inmensa alegría que sentí ver tras seis meses a mi hippie y sobre todo mirar en sus ojos saber que estaba siendo allí feliz.
El saber cada mañana que tienes un día entero para conocer una ciudad, sin prisas,sin rutas... solo para saborearla, admirar, observar,sentir...
El cursi-romantico día de los enamorados que pasé en Nápoles. El nerviosismo de aquel chico que con una rosa y una nota en la mano viaja en el metro a mi lado.
Dolerme la barriga de tanto reírme mientras una escalaba por la cocina, otra señalaba y decía ¿¿¿pero que es eso??? es una tubería!!
El sabor tan indescriptible del helado italiano que me comí frente a la Fontana de Trevi.
Como tras andar y vislumbrarlo solo de lejos, llegar y decir: Guau El Coliseo. La mente intenta reconstruirtelo como en una película viendo el esplendor que fue aquello y como tras miles de años sigue ahí!
Andar nerviosas, girar una esquina y de repente encontrarnos ante nuestros ojos la magnifica Fontana de Trevi. Girarme y mirar a Elena viendola no pestañear, mirarme sonriendome y decirme aquí la tienes!! mientras Isi mortalizaba el momento y Susana se unía a nuestras bocas abiertas.
Tiradas en la inmensa Plaza del Vaticano comiendo al sol y ser testigos de la primera cita, sí, una señora muy arreglada esperaba nerviosa
, miraba el reloj, paseaba, volvía a mirarlo,se sentaba... y tras 20 largos minutos aparecer un hombre trajeado con una flor en la mano, darse dos besos, sonreirse y empezar a caminar juntos del brazo.
El puro placer de sentarse al sol en las escaleras de la Plaza de España.
La cena del Brandis. Velas, pasta y música en directo.
Las maravillosas vistas desde arriba del Vesubio de toda Nápoles, el mar, la costa...
Miradas de ternura, hippie.
Sentimiento de familia que me transmitió las personas que conocí en Bari. Como cuando te marchas fuera esa es tu familia y siempre están ahí.
Las dos capas de calcetines, tres jerseys, gorro, guantes, bufanda y abrigo que traspasaba el frío.
Poder pa
sear por las calles donde hace miles de año lo hicieron los pompeyanos; sus calles, sus casas, meterte dentro de ellas sintiendote uno más... y pudiendo realmente entender como vivían.
Cansancio y felicidad en el mismo instante.
Como la pena y alguna lagrimilla me invadió mientras le decía adiós a mi hippie y ella me sonreía.
Situación. 23.00h. sin metro para volver a casa, aun sin cenar, mirando el mapa por donde llegar a un sitio recomendado para cenar. Paco lanza su dedo mientras sujetamos el mapa orientandonos y nos dice: ¡Quiero tropas aquí, aquí y aquí! Las risas debieron oírse hasta en España.
Esos típicos ascensores antiguos
La primera ducha en Bari, la cara de mi hippie cuando se cayó la cortina y no podía parar de re-ir.
El precioso atardecer en un mercadillo en la calle de discos de vinilo, libros, pinturas... con el Trastevere de fondo.
La casi última mirada de mi hippie en el tren, sonriendome y diciendome ¡estás guapísima hoy!
Sentarme en cualquier sitio a comer, sin horarios,sin prisas...
Nuestra cara de asombro al ver funcionar el funicular.
La inmensidad del mar desde el acantilado viendo toda la bahía.
El olor de las mandarinas que me trasladaban a España.
Han pasado 4 meses desde que volví de aquel viaje que pude compartir con cuatro personitas a cada cual más especial y con las que pase 10 días inolvidables haciendo una de las cosas con las que más disfruto VIAJAR, llevando simplemente una mochila acuestas, saboreando cada rincón de las ciudades que ibamos descubriendo y yevandome sus esencias.
Por ello hay instantes, flashes que permanecerán en mi cabeza mientras se desdibuja una sonrisa en mi cara cada vez que oiga Italia,Nápoles,Roma,Bari...
Está claro que en un viaje de locura como el nuestro las cosas que se fueron sucediendo aumentaron por momentos, pero a pesar de las trabas fue increíble y todo ello formo parte del viaje y de las risas al recordarlas.
La sensación que me produjo caminar sola hacia mi puerta de embarque, cruzar el control, decirle adiós a mi padre.
Las risas en el avión al encontrarnos con españoles que casualmente tb viajaban a Bari! también a reencontrarse con un amigo que estudia medicina! ostras si van a nuestro piso!!!
La inmensa alegría que sentí ver tras seis meses a mi hippie y sobre todo mirar en sus ojos saber que estaba siendo allí feliz.
Cerrar los ojos la primera noche y decir al fin estoy en Italiaaa!!
A esos 2 locos italianos que conocimos bebiendo vino y como les fascinaba nuestro acento.
La sensación que te produce oír hablar español al estar en otro país, girarte y enseguida entablar conversación con esa persona.
¡Eduardo! viajó con nosotros hasta Nápoles. Sentí verdadera envidia sana y una persona autentica. Es un hombre de mediana edad con un trabajo normal que una vez al año se dedica un mes entero para recorrer un país.
El saber cada mañana que tienes un día entero para conocer una ciudad, sin prisas,sin rutas... solo para saborearla, admirar, observar,sentir...
El cursi-romantico día de los enamorados que pasé en Nápoles. El nerviosismo de aquel chico que con una rosa y una nota en la mano viaja en el metro a mi lado.
Los ñoquis tan ricos que comí en esa última cenita que despedimos a Paco.
Dolerme la barriga de tanto reírme mientras una escalaba por la cocina, otra señalaba y decía ¿¿¿pero que es eso??? es una tubería!!
La puesta de sol con el Vesubio de fondo mientras andabamos por aquellas calles donde a cada dos pasos te encontrabas un monumento enorme
El sabor tan indescriptible del helado italiano que me comí frente a la Fontana de Trevi.
El dolor de cuello de no poder dejar de mirar la Capilla Sixtina, sintiendo la sensación de que admiraba algo por una parte realmente hermoso y por otra que tanta y tanta gente había admirado.

Como tras andar y vislumbrarlo solo de lejos, llegar y decir: Guau El Coliseo. La mente intenta reconstruirtelo como en una película viendo el esplendor que fue aquello y como tras miles de años sigue ahí!
Tiradas en la inmensa Plaza del Vaticano comiendo al sol y ser testigos de la primera cita, sí, una señora muy arreglada esperaba nerviosa
, miraba el reloj, paseaba, volvía a mirarlo,se sentaba... y tras 20 largos minutos aparecer un hombre trajeado con una flor en la mano, darse dos besos, sonreirse y empezar a caminar juntos del brazo.El puro placer de sentarse al sol en las escaleras de la Plaza de España.
Susana y su cacao.
El sabor de la pizza Margarita autentica que solo hacen en un restaurante.
La tormenta-ventisca que sufrimos subiendo al Vesubio, sintiendo realmente el aire en la cara,el frío...
La cena del Brandis. Velas, pasta y música en directo.
Los pelos de punta, la impotencia y la repugnancia cuando vi la exposición de Auswich.
Las maravillosas vistas desde arriba del Vesubio de toda Nápoles, el mar, la costa...
La inmensidad del Panteón
Miradas de ternura, hippie.
Sentimiento de familia que me transmitió las personas que conocí en Bari. Como cuando te marchas fuera esa es tu familia y siempre están ahí.
Las dos capas de calcetines, tres jerseys, gorro, guantes, bufanda y abrigo que traspasaba el frío.
Poder pa
Cansancio y felicidad en el mismo instante.
Como la pena y alguna lagrimilla me invadió mientras le decía adiós a mi hippie y ella me sonreía.
Las carreras tipo Pekín Express mientras abultaba más mi mochila que yo.
Situación. 23.00h. sin metro para volver a casa, aun sin cenar, mirando el mapa por donde llegar a un sitio recomendado para cenar. Paco lanza su dedo mientras sujetamos el mapa orientandonos y nos dice: ¡Quiero tropas aquí, aquí y aquí! Las risas debieron oírse hasta en España.
Esos típicos ascensores antiguos
La primera ducha en Bari, la cara de mi hippie cuando se cayó la cortina y no podía parar de re-ir.
El precioso atardecer en un mercadillo en la calle de discos de vinilo, libros, pinturas... con el Trastevere de fondo.
La casi última mirada de mi hippie en el tren, sonriendome y diciendome ¡estás guapísima hoy!
Sentarme en cualquier sitio a comer, sin horarios,sin prisas...
Paco y sus cacahuetes.

El concierto de aquel bar que encontramos por casualidad tan peculiar en el Trastevere, una zona con magia.

El concierto de aquel bar que encontramos por casualidad tan peculiar en el Trastevere, una zona con magia.
El olor de la lluvia de la noche anterior asomada a la ventana en Bari.
Nuestra cara de asombro al ver funcionar el funicular.
La inmensidad del mar desde el acantilado viendo toda la bahía.
El olor de las mandarinas que me trasladaban a España.
El silencio mientras esperabamos las maletas en el aeropuerto, escuchandose solo nuestras risas.
