Si hay algún sentimiento realmente destructivo o quizá corrosivo esa la decepción. Sentida de muchas maneras, provocada por otros e incluso por uno mismo y expresada bajo escudos o claridad según el mirar.
Nunca es tarde oara hacerlo porque nunca sabes la ventisca que ella traerá. Paraliza. Te envuelve. Incluso te pone del revés. Supone arrancar, lo que nos hace plantearnos porque ocurrió, que te hace sentir eso de la otra persona y quizás cual fue el principio. Mirarnos muy dentro.
Es dolor y tristeza,fragilidad y engaño y es que solo puede ser sentida cuando existe un sentimiento previo fuerte de igual magnitud al que este produce. Pero no es eterno y aunque resiste a millones de pensamientos positivos, autoconvencimiento y reflexión, una mancha tal de una mora permanece. Ya no supone un vacío de quién lo produjo, que al fin al cabo es el que pierde en todo ello, sino la nueva sensación que produce en ti... ¿Desconfianza? ¿Miedo? ¿Sufrimiento?. La firme y dura coraza crece poco a poco, se alimenta, se crea sin que seas consciente incluso tú. No siempre es nueva a veces es regenerada de una anterior, lo cual acrecienta su rayadura de diamante.
Sin embargo su poder es infinitamente mejor que peor, a quién das el poder para decepcionarte es a quién le has dado parte de ti. Lo depositas y esperas nunca recogerlo. ¿CONFIANZA? Totalmente. Y ahí reside el ingrediente de las relaciones. Si la entregas debes saber a quién y si sabrá apreciarlo y valorarlo como tal. Y esa lucha es inevitable porque la decepción nos trae su gemela más dura, la desconfianza. La mala hierba no se irá, la mancha de mora permanecerá para recordarte como un moratón azulado tu caída. El tiempo irá cambiandolo de tonalidad, haciendolo parte de ti, de tu piel, pero permanece ahí su huella. Puede que si rozas tu piel por encima sientas dolor pero llegará un momento en que en tú balanza algo pese más que "el agua pasada" y será tu presente.
No hay tiempo exacto e incluso cuando creas haber arriesgado y vuelto a confiar, descubrirás que aun hay un acorde de la melodía que rechina en tu oído. Será esa amarillenta marca ya casi imperceptible que te mantiene alerta y que no se irá hasta el momento en que aparezca quién te haga ver que es una posibilidad (la decepción) pero no la única, ni tampoco la que todos escogen. Será quién te pida que confíes de nuevo para demostrarte que no siempre el mundo nos pone bocabajo y tengas que sopesar confiar y arriesgar (felicidad) o seguir sin un rasguño pero tampoco completo, un quiero y no puedo en mente y labios.
A lo largo de tu vida te habrás cruzado con millones de personas, incluso las habrás mirado a los ojos o más aun sonreido. Al cabo del día unas treinta personas habrán sido visualizadas y registradas en tu memoria. Y solo una de ellas, ESA PERSONA, será quién te haga cambiar decepción por ilusión. Enamoradizos o esquivos puede ocurrirte una o mil veces pero solo una planteara futuro, solo una no dudarás, no dudas porque estás dispuesto a perder, a caer, a decepcionarte si es necesario de nuevo incluso, porque todo eso no pesa no es nada comparado con el otro lado de la balanza. Le entregas el poder de hacerte daño (y de hacerte feliz) sabiendo que jamás lo hará y eso...eso es...QUERER.
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