domingo, 13 de septiembre de 2009

insomnio

Un millón de hormigas recorrían cada uno de sus huesudos dedos, intentaba una y otra vez moverlos pero no podía ni tan si quiera realizar un leve movimiento, parecían no escuchar sus ordenes.

Aquella sensación se apoderó de sus piernas, el cosquilleo era más intenso e iba incrementandose a medida que transcurrían los minutos. Impotente miraba al frente mandando oredenes de movimiento a su sordo cerebro, las que este eludía y mientras más lo deseaba y más empeño ponía en ello mayor era su angustia al ver esa inmovilidad, esa inactividad.

¿Que ocurría? ¿que clase de broma era aquella?

Enfrascado en mover sus extremidades inferiores no se percató de que los dedos de sus manos también permanecían rígidos, extirados y tensos, formando parte de una mano en las mismas condiciones. Los codos parecían querer salir del letargo, pero resultaba inútil con unos hombros espamoticos y llenos de moratones.

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