domingo, 19 de abril de 2009

tormenta/calma

Dicen que cuando estás triste te haces más pequeño. Cuando los azares de la vida nos pasan por encima y no podemos hacer nada por detenerlos, cuando nos sentimos engañados o cuando nuestras expectativas sobre algún tema en concreto no se ven cubiertas a menudo nos encerramos en nuestra habitación y, tumbados sobre la cama, encogemos las piernas y nos abandonamos al llanto. La pena nos encoge y así, en esa postura que evoca el retorno a la madre parece que nuestra desolación está más cómoda. Pero también se da el caso contrario, que no seamos nosotros los que nos replegamos, sino que el mundo se agrande hasta lograr un tamaño descomunal, sórdido, deshabitado. Aún rodeados de gente nos sentimos solos en medio de un vacío capaz de agarrarte el alma con su mano fría y apretarla con tal fuerza que a veces nos falta el aire. Lo peor de todo es que incluso si la causa de nuestro dolor desaparece la recuperación del ánimo no es inmediata. Hace falta tiempo…

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